La adicción que no hace ruido
En Antes de Morir EP 45 nos sentamos con Manuel Salmun Wiernik para hablar de un tema que suele vivirse en silencio: la adicción al juego. El episodio arranca con una frase incómoda y real: cuando empiezas a normalizar un hábito destructivo porque “lo necesitas para vivir”, ya no es entretenimiento; es dependencia. Y lo peligroso de la ludopatía es que puede esconderse a plena vista: no deja olor, no deja botellas, no siempre cambia tu apariencia. Puede ocurrir en el celular o en “dos horitas” al casino “para despejarme”.
Este episodio es presentado por Past Post, la plataforma que integra seguro de vida con mensajes para el futuro y legado digital. Y el puente es directo: ordenar lo importante no es pensar en lo peor, es dejar de improvisar.
“Adicción invisible”: la esperanza como anzuelo
Manuel define la adicción como un hábito destructivo repetido. Nadie se despierta diciendo “hoy voy a ser adicto”, pero la repetición se vuelve un argumento convincente: lo justificas, lo normalizas y lo integras a tu identidad. En el juego hay una trampa extra: la esperanza. El jugador compulsivo no apuesta pensando que va a perder; apuesta creyendo que “la siguiente” va a arreglarlo todo: deudas, vergüenza, ansiedad, problemas de pareja, sensación de fracaso.
En la conversación, Manuel explica por qué considera que la ludopatía es especialmente agresiva: es silenciosa (puedes apostar sin que nadie lo note), es infinita (siempre puedes buscar más dinero para seguir), y su componente económico puede empujar a algunas personas a ver el suicidio como “salida” cuando sienten que no hay solución. La peor parte, dice, es que vive de esa promesa: “ahora sí me recupero”.
La historia: del “me va bien” al fondo
Lo más potente de este episodio es que Manuel no habla desde la teoría: habla desde su propia década dentro del juego. Cuenta que empezó alrededor de los 28 años, y al principio “le fue bien”. Ese detalle es clave porque rompe una idea común: el problema no empieza solo cuando pierdes; puede empezar cuando ganas y te enamoras del proceso. Con el tiempo, el juego se vuelve refugio emocional: “si no tengo una apuesta corriendo, mi vida no tiene sentido”.
Luego llega el ciclo que muchos reconocen (aunque nadie lo confiese): conseguir dinero, apostar, prometer, volver a conseguir dinero… y repetir. La ansiedad se mete al cuerpo: noches sin dormir, sudor a las 3 a.m., apostar lo que sea a cualquier hora porque “necesito una apuesta”. El quiebre llega con una intervención familiar: “clínica o te vas”. Manuel cuenta que no entró por voluntad romántica, sino porque ya estaba harto de su vida y del miedo.
No es la cantidad: es la destrucción y la ingobernabilidad
Una de las ideas más útiles del episodio es esta: el foco rojo no es “cuánto”, es qué destruyes y qué tan fuera de control estás. Manuel lo aterriza así: si necesitas algo externo para autorregularte (“necesito ir al casino para relajarme”, “necesito tomar para dormir”), cuidado. No es una regla moral: es una alerta de que tu sistema emocional está dependiendo de una muleta.
También explica la ludopatía como adicción al proceso: la anticipación, la incertidumbre, el “casi”, el impulso. En sus palabras, en el juego se detonan dos fuerzas:
- Impotencia: no puedo parar.
- Ingobernabilidad: violo mis valores para conseguir lo que quiero (mentir, manipular, esconder, endeudarme).
Cuando esa combinación aparece, la vida se reduce a una sola pregunta: “¿a qué horas voy a consumir?”. Y ahí el juego deja de ser ocio y se convierte en un sistema que te gobierna.
Señales y qué puede hacer la familia
Si la ludopatía es “invisible”, ¿cómo se detecta? Manuel vuelve una y otra vez a una señal: la mentira. Ocultar, cubrir huecos con historias, desaparecer dinero, irritarse si interrumpen “el ritual”, vivir con la mente en otro lado. Por eso lanza una frase fuerte: la verdadera recuperación no es solo dejar de jugar; es dejar de mentir.
¿Y la familia? Su recomendación es práctica, aunque incómoda: confrontar con claridad, poner límites y definir consecuencias. Luego, mover a la persona hacia espacios de ayuda: grupos de 12 pasos según la adicción (Jugadores Anónimos, Alcohólicos Anónimos, etc.). Y algo que muchos olvidan: la familia también necesita apoyo. Ir a grupos de familiares ayuda a salir de la codependencia, aprender límites y recuperar paz, incluso si el adicto todavía no decide cambiar.
Lo que se recupera: paz y tiempo
Cerca del final, Manuel dice algo que se queda: lo que más duele no es el dinero, es el tiempo. Horas y días que no vuelven. Y en un podcast que se llama Antes de Morir, esa pregunta cae como martillo: ¿en qué se te está yendo la vida? ¿Qué hábito te está robando presencia, familia, salud y futuro?
Manuel comparte que su “recompensa” cambió: hoy el placer viene de ayudar a otros a pedir ayuda. Y deja una idea útil para cualquiera (tenga o no adicción): nadie puede ser feliz todo el tiempo, pero sí puedes construir un lugar interno al que regresar. Él lo llama paz: un evento difícil, vuelves a la paz; un evento alegre, vuelves a la paz. Aprender esa pausa entre detonante y respuesta cambia la vida.
Si este episodio te tocó —por ti o por alguien cercano— quizá el primer paso sea simple: hablar, pedir ayuda y poner un límite. Si tú o alguien está en riesgo inmediato, busca ayuda profesional, o contacta a Manuel, el sabrá orientarte.
Este episodio fue presentado por Past Post, plataforma que combina seguros de herencia con mensajes para el futuro, listado patrimonial y legado digital. Todo lo que necesitas para que, si un día no estás, tu familia no quede perdida, sin información, ni sin dinero para reclamar lo que les dejaste.
Organiza tus bienes, deja instrucciones claras, graba mensajes para quienes más quieres y evita que heredar sea una pesadilla legal o económica.
Planificar ya no es solo para unos pocos. Hoy es para todos. Porque si no lo haces tú, nadie sabrá qué hacer.
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